Aventura 2: Fracturas espaciales y meriendas interdimensionales (I)
Mar 1, 2026 - ⧖ 10.0 minPublished as part of 'Aventuras' series.
Introducción: El horizonte que hace "pop"
Almáriz siempre ha tenido un aire salado, pero últimamente el mar huele a algo que no es precisamente pescado: huele a electricidad estática, a ozono y a problemas gordos.
En la Fortaleza Prisma, Intenso y Estrella practican artes marciales con la gracia de dos flamencos en una pista de hielo. Han pasado ya unos meses desde que el destino (y varios tropezones dignos de un vídeo viral) los unió en el muelle. Desde entonces no han parado de entrenar juntos, realizar misiones y, sobre todo, aprender a no matarse el uno al otro durante los entrenamientos.
Laia ha descubierto en Nicolás a un hermano mayor: protector, brillante, y con ese nivel de sobreprotección que roza lo insoportable. Del tipo "¿has comido bien? ¿llevas el comunicador cargado? ¿has revisado el traje? ¿seguro que has comido?". Pero es amable, atento, y comparte con ella su conocimiento, sus recursos y una IA que tiene más datos que la biblioteca de Alejandría multiplicada por Wikipedia.
Nicolás, por su parte, ha descubierto que Laia es como tener un huracán de energía positiva con superpoderes. Ella conoce los barrios olvidados mejor que Google Maps, tiene contactos en Los Barrios que ni la policía sabe que existen, y puede colarse en sitios donde él destacaría como un elefante en una cristalería. Lúmina, su IA, procesa toda esa información callejera y crea algoritmos que predicen el crimen antes de que ocurra. Básicamente, es como tener un GPS del crimen con actualizaciones en tiempo real.
Les ha llevado tiempo, sudor y alguna que otra discusión sobre quién paga la pizza, pero han conseguido llegar al nivel de compartir sus nombres reales. Aunque sus identidades siguen siendo más secretas que la receta de la Coca-Cola. Por supuesto, Lúmina ya tiene la ficha completa de Laia: nombre, apellidos, dirección, grupo sanguíneo, y hasta sabe que desayuna cereales con suficiente azúcar como para poner nervioso a un dentista. Pero Nicolás ha rechazado leer esa información.
—No, Lúmina. Es una falta de respeto y una intromisión intolerable por mi parte —le respondió tajantemente cuando la IA sugirió (con su mejor tono de "solo intento ayudar") que debería echar un vistazo a la ficha para entender mejor con quién trataba—. Lo que tenga que saber de ella me lo dirá ella misma, con tiempo. Soy un superhéroe, no un acosador.
Lúmina no está muy convencida de que Laia vaya a ser completamente sincera (los humanos rara vez lo son), pero bueno, son cosas de humanos y de sus imperfectas lealtades emocionales. Las IAs no tienen ese tipo de limitaciones. Reacciona con el equivalente cibernético de un suspiro largo y resignado, como una madre que ve a su hijo rechazar el abrigo en pleno invierno.

Estrella está a punto de golpear con una katana de madera a Intenso cuando una luz roja parpadea en toda la fortaleza como si fuera una discoteca de emergencias.
—¡Ay! —se queja ella del puñetazo que le ha propinado Intenso a traición, aprovechando el despiste—. ¿¡Qué es esa alarma!? ¿¡Se está quemando algo!?
—¡Lúmina, situación! —brama Intenso, frotándose los nudillos con satisfacción.
—Mensaje urgente de la agente Vega —dice la suave voz de Lúmina sin emoción aparente, como si estuviera leyendo la lista de la compra—. Os convoca a acudir inmediatamente al cuartel general de Superhéroes Inc. Aunque debo señalar una inconsistencia temporal: dice textualmente que "deberíais estar aquí ayer". Estoy segura en un 99,7% de que la agente Vega conoce las reglas básicas de la física newtoniana y que los viajes en el tiempo no están disponibles con el nivel tecnológico actual humano.
Estrella e Intenso se miran. Cuando Vega dice "ayer", significa "hace tres horas como mínimo". Esto va a doler.

Mientras tanto, en la Torre de Superhéroes Inc., la agente Vega no ha pegado ojo en 48 horas. Tiene más ojeras que un mapache y está más irritable que un gato mojado. En su monitor, una mancha parpadea en la costa, justo donde el mapa dice que no debería haber nada más que agua, gaviotas despistadas y algún surfista con más valor que cerebro.
—Por tercera vez —le grita sin piedad al pobre analista que está sentado delante del monitor, sudando como si estuviera en una sauna—, ¿me puede repetir qué demonios se interpreta de estas lecturas? Y esta vez, agente Felipe, intente explicármelo como si yo tuviera 8 años. Ocho. No siete, no nueve. Ocho años exactos.
El agente Felipe Trueva es un experimentado analista de Superhéroes Inc. Tiene tres carreras del MIT, dos doctorados, un coeficiente intelectual que haría llorar a Einstein, y en este momento desearía haber estudiado literatura medieval. Aun así, no puede evitar que le tiemble la voz como un flan en un terremoto.
—Verá, agente Vega, señora, eso que vemos en el monitor es literalmente un agujero negro… un objeto astronómico que solo debería existir en el espacio profundo, a millones de años luz de distancia, ya que contiene tanta masa y energía concentrada que la física newtoniana y los modelos de Einstein…
—¡COMO SI TUVIERA OCHO AÑOS, AGENTE FELIPE! —le interrumpe Vega con un volumen que hace vibrar las ventanas.
—¡Ejem! Está bien, está bien —Felipe se afloja el cuello de la camisa—. Tenemos una estrella muy, muy, MUY mala a pocos kilómetros de Almáriz. Se está tragando todo lo que pasa cerca: luz, materia, esperanzas, sueños, y probablemente los calcetines que desaparecen en la lavadora. Y pronto se tragará al resto del mundo. Nosotros simplemente tenemos el honor de ser el aperitivo.
—Perfecto. Ahora sí te entiendo —dice Vega con una sonrisa sin la más mínima pizca de humor—. ¿Y cuánto estima su poderoso cerebro de ingeniero que nos queda para ser "merendados" por esa cosa?
—Veamos… con la trayectoria actual de la corriente ionizante, la velocidad de expansión del horizonte de sucesos y… —Felipe comete el error de mirar directamente a los ojos inyectados en sangre de Vega. Se calla inmediatamente—. Siete horas —dice tragando saliva con dificultad—. Minuto arriba, minuto abajo. Aunque probablemente minuto abajo.
Vega cierra los ojos. Respira hondo. Cuenta hasta tres (no tiene tiempo para llegar a diez).
—¡¡¡AGENTE RODRIGO!!!! —el potente rugido de Vega se escucha en todo el complejo, rebota en las paredes y probablemente asusta a alguna gaviota en la costa. Y eso que el agente Rodrigo está apenas a dos metros de distancia, escondido tras la pantalla de su ordenador como si fuera un escudo antimisiles.
—¿Sí? Agente Vega, señora —responde Rodrigo con una voz temblorosa de "ahora mismo preferiría estar en cualquier otro lugar del universo, incluyendo el interior de ese agujero negro".
—Ponga a esos tres inútiles de superhéroes en movimiento. AHORA. Los quiero en el hangar subterráneo antes de que llegue yo. Y si no están allí, les juro que el agujero negro será el menor de sus problemas.
Rodrigo teclea tan rápido que sus dedos son un borrón.
Veinte minutos después, en un hangar supersecreto subterráneo que huele a combustible de cohete y a miedo, Estrella e Intenso hacen su entrada tratando de parecer profesionales y no como dos adolescentes que acaban de ser llamados al despacho del director. Se encuentran a Vega discutiendo acaloradamente con otro personaje enmascarado que irradia energía como si fuera un microondas humano. —...trabajo solo y desde luego no me voy a rebajar... - escuchan brevemente a la figura que está con Vega replicando acaloradamente. —¡Por supuesto que se va a rebajar!, va a hacer exactamente lo que le digamos si quiere que sigamos limpiando toda la destrucción que deja a su paso y sus continuas metduras de pata que... - Vega hace una pausa al ver entrar a los otros dos super héroes.
Los dos lo reconocen al instante. El mundo de los superhéroes en Almáriz es más pequeño que un pueblo de 200 habitantes, y este tipo tiene fama de romper cosas. Muchas cosas. Cosas caras. Aparte de que le gusta más aparecer delante de las cámaras que a un político en tiempos de campaña electoral. Energian: el superhéroe con el control de energía espacial y la delicadeza de un rinoceronte en una tienda de porcelana.
—Buenas equipo, por fin tenemos un reto a la altura de vuestra grandeza —dice Vega, con un claro gesto de mofa, después se cruza de brazos y los mira con esa expresión que significa "estoy a punto de arruinar vuestro día"—. Llevamos tres días detectando lecturas electromagnéticas que harían explotar una calculadora científica. Es un agujero espacio-temporal. Hemos enviado dos patrullas de reconocimiento, tres drones de última generación y una sonda que costó más que un Ferrari. ¿Sabéis qué ha vuelto? Nada, absolutamente nada, ni siquiera una triste señal de radio para darnos confirmación de que algo de lo que hemos enviado ha llegado.
Hay un silencio incómodo.
—Él —Vega señala a Energian con un gesto dramático— es vuestra nueva baza. Controla energía espacial, electricidad, y puede aguantar una salvajada de peso y presión. Necesitaréis su fuerza bruta y su control de las energías si no queréis acabar convertidos en espaguetis interdimensionales. O en puré. O en algo que ni siquiera tiene nombre en física.
Antes de que ninguno pueda protestar, poner algún pero, o preguntar si pueden ir al baño primero, Vega activa un mapa holográfico. La imagen que aparece es tan inquietante que Estrella da un paso atrás involuntariamente.
—¿Eso es…? —empieza a preguntar Intenso con voz temblorosa.
—Un agujero negro —termina Vega, mirándolo directamente a los ojos con una intensidad que podría derretir acero—. Sí, Intenso. Un agujero negro. Aquí. En la costa. A tiro de piedra. ¿Alguna otra obviedad que quieras confirmar? ¿Que las nubes son vapor de agua? ¿Que el fuego quema? ¿Que el café de la máquina del tercer piso puede usarse como disolvente industrial?
Intenso cierra la boca.
Vega respira hondo y continúa, esta vez con un tono ligeramente más calmado (aunque sigue sonando como alguien a punto de explotar):
—No sabemos quién, qué o por qué está aquí, pero tenemos claro lo que hay que hacer. La misión es sencilla. En teoría. —Hace una pausa dramática—. Vais a volar hasta esa falla espacio-temporal, vais a descubrir qué narices ha pasado con nuestros agentes, aviones, drones y sondas, y luego vais a cerrarla. Estimamos que en menos de seis horas ese agujero negro se habrá zampado Almáriz con todos sus habitantes, sus edificios, sus bares de tapas y hasta el monumento feo de la plaza. En menos de 24 horas, el resto del planeta. ¿Alguna pregunta?
Los tres enmascarados se miran entre sí, incapaces de articular palabra o de mover un músculo. Es como si alguien hubiera pulsado el botón de pausa en sus cerebros. Cuando parece que Energian está a punto de decir algo (probablemente "¿esto es una broma?"), Vega se adelanta:
—Hemos descargado toda la información disponible sobre el evento en la base de datos de Lúmina. A partir de este momento podéis consultarla para cualquier duda técnica, científica o existencial que tengáis. —Hace una pausa y los mira con una mezcla de decepción y resignación—. La verdad, sois más incompetentes de lo que pensaba si aún no habéis emprendido el vuelo. ¿A qué esperáis? ¿Una tarta de despedida? ¡MOVED EL CULO!
Sin mediar más palabras los tres salen volando a todo lo que dan...
