Rías Baixas, Falsos Faros y Xoubas: Nuestra Segunda Aventura Nómada con 'Los Tíos'
Aug 23, 2026 - ⧖ 11.0 min🗒️
- 📋 Ficha Técnica de la Aventura
- Jueves: Olvidos estratégicos, división de fuerzas y primera noche en la ría de Navia
- Viernes: Abordaje en el pilón, la ventolera de A Lanzada y el enigma del agua caliente
- Sábado: Microclima en Arousa, kayak flotante con Coco y festín en el chiringuito
- Domingo: La falsa aldea del faro, desengaño hostelero y el giro de 360° en Luarca
- 🎓 Manual de Supervivencia: Lecciones de unos "Novatos" en Autocaravana (Vol. 2)
Ni cortos ni perezosos, decidimos rematar nuestra estancia estival en Asturias volviendo a probar las mieles (y los imprevistos) de la vida sobre ruedas. Como Raquel e Iván pensaban pasar unos días por la zona con su furgoneta, nos acoplamos al plan sin dudarlo. Eso sí, para no ser menos, alquilamos un vehículo sensiblemente mayor que el suyo: un auténtico mastodonte modelo Sunliving S75 SL.
Como el alquiler mínimo era de tres noches, pedí el viernes de vacaciones para salir directamente desde Salinas. A diferencia de nuestra primera experiencia en los Pirineos, este alquiler no incluía ni menaje, ni toallas, ni sábanas. El resultado fue que, para un fin de semana largo, nuestro C4 iba más cargado que para quince días de camping tradicional. Cuatro días por delante, la familia al completo, los tíos en ruta y la firme intención de poner a prueba la vida "fuera de la red".
📋 Ficha Técnica de la Aventura
- Tripulación: los 4 de siempre en la autocaravana, los tíos (Iván y Raquel) y Coco en una Furgo camperizada.
- El "Mastodonte" (Vehículo): Sunliving S75 SL.
- Ruta principal (improvisada): Luarca ➔ Navia ➔ Playa de A Lanzada ➔ Illa de Arousa ➔ Betanzos ➔ Viveiro (Playa de Area) ➔ Navia ➔ Luarca.
- Duración total: 4 días / 3 noches (del 20 al 23 de agosto).
- Reto logístico principal: Poner a prueba la autonomía "fuera de la red" en pleno agosto gallego, gestionando gas, depósitos de agua y pernoctas abarrotadas sin reservas previas.
Jueves: Olvidos estratégicos, división de fuerzas y primera noche en la ría de Navia
Llegamos a la sede del alquiler en Luarca sobre las 19:00 de un jueves caluroso. Tras firmar el papeleo de rigor y ponernos a cargar todo el equipaje en el enorme maletero del bicho, llegó el primer giro dramático del viaje: Lau se dio cuenta con horror de que su bolsa de ropa, el neceser y sus cosas personales se habían quedado plácidamente olvidadas en la casa de Salinas.
Con la hora que era, no tenía ningún sentido hacer retroceder al mastodonte. Decidimos dividir fuerzas como profesionales de la logística: yo me puse al volante de la autocaravana con los peques para avanzar hacia Navia, mientras Lau se daba el paseo de vuelta en el C4 a rescatar su equipaje.
En Navia nos reunimos con Iván y Raquel. Aparcamos en el área frente al supermercado Familia, justo al lado del puerto y del astillero: un prado amplio, llano y con unas vistas estupendas a la ría. Aunque la idea inicial era haber avanzado esa misma noche hacia Ribadeo para ganar terreno hacia las Rías Baixas, el cansancio general y el itinerario improvisado nos aconsejaron quedarnos allí. Estrenamos la pernocta con el clásico reorganizado nocturno: Alicia y yo nos quedamos las camas gemelas traseras y Lau, compartió la cama alta abatible con Nico. La autocaravana resultó ser bastante más funcional y mejor equipada que la Rimor de las vacaciones anteriores. Caímos rendidos escuchando el agua de la ría.
Viernes: Abordaje en el pilón, la ventolera de A Lanzada y el enigma del agua caliente
Amanecimos en Navia tras una noche de lluvia de esas que suena a gloria contra el techo de fibra. La mañana se despejó rápidamente y nos regaló un sol templado. Tras desayunar en nuestro "jardincito" improvisado entre caravanas, fuimos a realizar la primera carga y descarga de aguas. Aquello parecía el abordaje de un barco pirata: el área estaba atestada de vehículos, con maniobras imposibles, prisas y cruzadas de miradas entre quienes intentaban recargar y quienes nos acusaban de habernos colado (una acusación en la que, siendo honestos, quizás tenían parte de razón).
Pusimos rumbo directo a la Playa de A Lanzada, cerca de Vigo. Fueron tres horas de viaje del tirón que se hicieron un poco pesadas, pero a las 15:00 logramos encajar la caravana en el parking. Entre los dos vehículos conseguimos montar una mesa con la intención de comer al aire libre unos merecidos macarrones con salchichas, pero la ventolera era atroz. La corriente era tan fuerte que tuvimos que cerrar las ventanas de la cocina porque el aire tiraba hasta las tapas de las ollas. Al final fue un "salve quien pueda": Iván, Raquel y Laura comieron a la escasa sombra que proyectaba su furgoneta aguantando los platos, mientras que los niños y yo nos refugiamos en el interior.
Por la tarde bajamos a la playa. A Lanzada nos recibió con un aspecto caribeño espectacular: arena blanca, agua transparente y una brisa constante. Tenía fama de ser la playa con el agua más fría de España, pero Iván y los niños se lanzaron a nadar sin pensarlo dos veces. A Laura y a mí nos costó un poco más coger valor, pero terminamos disfrutando de un baño inolvidable. Después jugamos a palas y a cartas en la arena mientras los peques alucinaban mirando a un chico que había cavado un agujero en la playa más alto que él mismo.
Al regresar al parking para ducharnos, la logística volvió a ponerse a prueba. No fuimos capaces de hacer funcionar el calentador de gas y el agua salía tibia tirando a helada y con una presión ridícula. Las chicas sufrieron una ducha de supervivencia y Nico, el más espabilado de la familia, decidió colarse en la ducha de la furgoneta de los tíos, dejándoles el depósito tiritando.
Con cierta premura y buscando dónde pasar la noche, conseguimos reservar los dos últimos huecos en un parking de autocaravanas en la Illa de Arousa. Llegamos rozando las 21:00 y encajamos los dos vehículos a modo de Tetris en la esquina de un prado atestado. Tras llamar por teléfono al dueño del alquiler, nos reveló el truco del almendruco: el calentador de la Sunliving necesitaba varios reinicios manuales seguidos (ya nos lo había contado en el alquiler pero nos o vendió como algo esporádico, no como lo que era... una avería en toda regla). Con la lección aprendida y el agua caliente garantizada, dimos un paseo al atardecer entre las rocas de la ría, disfrutando de un cielo anaranjado precioso antes de cenar y caer agotados.
Sábado: Microclima en Arousa, kayak flotante con Coco y festín en el chiringuito
El sábado nos regaló un sol deslumbrante en la Illa de Arousa. Según nos contaron en el chiringuito dónde pasamos el día, la zona goza de un microclima particular donde casi nunca llueve en verano. Salimos temprano con la intención de hacer alguna actividad náutica. Tras un intento frustrado en un parking lleno donde no sabíamos cómo dar la vuelta, un camarero del sitio al que se supone que íbamos nos hizo señas para avanzar: habíamos ido a parar al Areoso Beach Club. El sitio era un auténtico paraíso bajo los pinos, con sombra, espacio nivelado y un chiringuito de los que hacen época. El dueño nos declaró que podíamos pernocatar allí sin problema, y la verdad que no nos habría importado en absoluto, pero la expectativa de una vuelta de otras tres horas al día siguiente nos hizo cambiar de planes al final.
Alquilamos tres kayaks con tarifa plana para explorar la zona. ¡Hasta Coquito se subió a bordo como perro marinero! Navegamos rodeando la idílica Isla de Areoso, una lengua de arena finísima y aguas turquesas que parecía sacada del Pacífico. Como para desembarcar en la isla se requiere un permiso medioambiental previo que estaba agotado para todo el mes, optamos por tomar el aperitivo flotando plácidamente en las barcas sobre el agua cristalina. Nos dijeron que por allí se suelen avistar delfines; no vimos ninguno, pero casi que mejor, porque de haber aparecido una aleta sospechosa no quiero ni imaginar a qué velocidad habría remado Nico en pánico.
De vuelta a tierra firme, nos dimos un homenaje memorable en el chiringuito: vino Godello bien frío, mejillones al vapor frescos y unas xoubas que estaban sencillamente para llorar.
Tras la siesta de rigor bajo los pinos, decidimos que convenía empezar a recortar distancia hacia el norte para que el viaje de vuelta del domingo no fuera una paliza. Tras una parada técnica de recarga de agua en Betanzos, conducimos de noche hasta la Playa de Area, en Viveiro. Los dueños de un prado junto al mar que tenían un chiringuito nos permitieron pernoctar amablemente sin pedir nada a cambio. Eran cerca de las doce de la noche y veníamos con hambre, así que Laura, Nico y yo salimos a hacer gasto devorando unas hamburguesas con sus correspondientes "patacas". Cerramos el día mojándonos los pies en el mar a escasos veinte metros de la puerta de nuestra autocaravana.
Domingo: La falsa aldea del faro, desengaño hostelero y el giro de 360° en Luarca
El domingo arrancó diluviando. La lluvia repicó con fuerza durante toda la madrugada y la mañana pintaba gris y encapotada. Aprovechamos el encierro matutino para ir recogiendo y empaquetando todo el equipaje dentro de la autocaravana, dejando el maletero listo para la entrega de la tarde.
A mediodía la lluvia dio una tregua y salimos a pasear. Como la Playa de Area no permitía perros, seguimos un sendero paralelo bordeando la costa con Coco. Encontramos una señal oficial que indicaba la ruta hacia un "Faro" y nos pareció un plan estupendo. Comenzamos a subir cuestas entre quejas infantiles y alguna que otra gota traicionera. Tras casi una hora de caminata cuesta arriba, llegamos con expectación a lo alto de la colina para descubrir... un pueblo de cuatro casas que se llamaba literalmente "Faro", según nos confirmó un impertérrito Google Maps. Ni torre, ni linterna marina, ni vistas al acantilado. Solo cuatro casas y unas cuantas vacas mirándonos con curiosidad.
Desandamos el camino entre risas por la pardillada y nos dirigimos a un restaurante cercano al parking con la idea de darnos un buen almuerzo de despedida. El encargado nos dijo que volviéramos en media hora cuando se despejara la primera tanda de mesas. Nos tomamos algo en el chiringuito del prado para hacer tiempo y regresamos a las 15:30. Tras casi tres cuartos de hora dándonos largas y mareando la perdiz, a las 16:00 el tipo nos ofreció una mesa diminuta encajonada en mitad del pasillo de camareros. Le dimos las buenas tardes educadamente y nos fuimos.
Tener que cocinar en la autocaravana cuando ya lo tienes todo empaquetado para entregar no era el plan soñado, pero improvisamos un arroz exprés con carne picada y unos aperitivos que nos supieron a gloria. Además, para celebrar el cambio de humor, el sol salió con fuerza. Nos comimos un helado, bajamos a la playa y nos dimos un último baño en aguas cristalinas que estaban fabulosas.
A última hora de la tarde emprendimos la marcha de regreso. Los niños se subieron a la furgoneta de los tíos y Lau y yo nos quedamos al volante del mastodonte vigilando de cerca el testigo de la reserva de combustible. Queríamos apurar para no tener que repostar dos veces, así que aguantamos con el piloto encendido hasta la gasolinera de Coaña, a menos de 20 km de nuestro destino. En Navia realizamos el vaciado final de aguas negras y grises (esta vez con tranquilidad y sin colas), dejamos el coche cargado y subimos un momento a Andés a saludar a Ángela, Cela, la pequeña Alma y al abuelo Ar. Y por supuesto a recoger a la Ela que se volvería al día siguiente con Iván y Raquel.
Para rematar el viaje con broche de oro, el navegador decidió darnos una última sorpresa: al aproximarnos a la campa de entrega, nos metió de lleno por el centro histórico de Luarca, obligándome a realizar un giro de 360° con un vehículo de siete metros en una plaza minúscula rodeado de terrazas. Salimos airosos de milagro, dejamos las llaves en el buzón indicado y dimos por concluida nuestra segunda travesía sobre ruedas.
🎓 Manual de Supervivencia: Lecciones de unos "Novatos" en Autocaravana (Vol. 2)
| Error de Novato / Situación | Consecuencia Dramática | Lección Aprendida (Nivel Pro) |
|---|---|---|
| Olvidar la bolsa de ropa en el punto de origen | Hacer un viaje de ida y vuelta extra de noche mientras la tripulación te espera en el puerto. | Cross-check obligatorio de equipaje personal antes de subirse al coche. |
| Pelearse con el calentador de agua a la primera | Duchas de agua helada para las chicas y saquear el agua de la furgoneta de los tíos. | Si el agua sale fría, no entres en pánico: reinicia el circuito de varias veces. |
| Confiar a ciegas en las señales de "Faro" en Google Maps | Subir cuestas bajo la lluvia para acabar en una pedanía de cuatro casas llamada "Faro". | Verificar siempre si la ruta conduce a un accidente geográfico o a una calle/aldea con el mismo nombre. |
| Seguir las indicaciones del GPS en pueblos históricos | Meter un mastodonte de 7 metros por el centro urbano de Luarca con giro de 360° incluido. | ¡Revisar siempre la ruta antes de arrancar!. |